Mi primera muerte
Nací y estaba rojo el sol y roja la noche y no había un segundo porque solo era rojo el momento.
Nací para pasar por lo primero.
Mi primera muerte fué despegar de la infancia.
Nunca dejé que la menstruación, roja y dolorosa, me atara a su papalote y arrancara de mí mis dulces años.
Nunca pudo ese viento, levantar mi inocencia y raptarla.
Cuando murió mi azucena, mi opio en los juegos, mi cannabis en las travesuras, mi adorada hermana, despegué y salí gimiendo, arrasada, despertada por la capa oscura y extraña que pesa en los párpados.
Cuando ya ella no me veía a través del maldito vidrio, en aquel ritual metamorfoseado por las agujas de los relojes, separé mis pies de la tierra, me hundí en una dimensión calada de frío y luego de desprenderme de allí, me desconecté de la concreción de mi carne, de mis cuadernos agotados de año a año, de los ojos de mi padre, de la caricia triste de mi madre; me separé de la mentira y entendí a qué vinimos. Me perpetué en la verdad.
Como dice el gran Nezahualtcoyotl (Emperador Azteca):
"No es verdad que vivimos, no es verdad que duramos en la tierra; ya tengo que dejar las bellas flores, tengo que ir en busca del sitio del misterio; pero por breve tiempo hagamos nuestros los hermosos cantos"
Y ya que mas palabra puede sudar mi boca???

